lunes, 29 de agosto de 2011

Capítulo 14...

Los miles de flashes que salían de cada cámara, cegaban a Javier. La prensa esperaba impaciente el comienzo de aquella reunión que no era precisamente de amigos. Cuando la lluvia parpadeante de fotos había parado, el subalterno respiró hondo antes de comenzar.
-         Caballero, ¿Podría decirnos si hay algún sospechoso?- abrió la ronda de preguntas una muchacha joven. Le dio la palabra Javier al tener la mano levantada.
-         Tenemos una idea de quien podría ser el asesino- respondió serio y fue dando paso a más preguntas.
-         ¿Sabe si actúan como grupo o es uno solo?- habló esta vez un hombre de la edad aproximada de Javier.
-         Ese dato no lo tenemos claro. Creemos que es uno solo, pero tenemos nuestras dudas.
-         ¿Por qué cree que mata solo a chicas?
-         Puede que sea por venganza. Esas chicas están relacionadas con el asesino en alguna etapa de su pasado.
-         ¿Cómo se siente el tener tantas muertes a su espalda y no tener nada claro?- esa pregunta la formuló una chica con semblante serio y frio. Algo calculador. Nunca la había visto y ni siquiera le había dado la palabra para formular dicha cuestión.
-         ¡Esa pregunta es inapropiada!- respondió Javier conteniendo la ira que crecía en su interior-. Obviamente nos sentimos fatal que haya tantas muertes. ¿Qué sabes tú del caso?- se escuchó una sonrisa que helaba la sangre.
Javier bajó del estrado en busca de aquella reportera. Se daba paso entre la multitud casi a empujones; con un cabreo descomunal. Los flashes volvían a hacer su aparición y le dificultaba la visión por encontrarla. Cuando creía haber llegado, no había rastro ninguno de aquella chica.

Una hora más tarde…

-         ¿Te parece bonito montar esa escena después de la que tenemos encima? ¡No tenemos nada y tú te dedicas a perseguir reporteras para encararte!- gritó Bea fuera de sí. Estaba muy cabreada con el comportamiento de su compañero.
-         Que no vaya de sabelotodo. Nadie sabe que no tenemos nada.
-         ¡Oh, claro que sí! Tenemos muchas muertes. Y más que habrá como sigamos haciendo el gilipollas.
Javier agachó la cabeza y no volvió a pronunciar palabra por la cuenta que le traía. Prefirió dejar el tema y esperar a que su jefa se calmara.
Varios minutos después, Decker apareció como una llamada telefónica a Bea.
-         Dime- contestó tajante la misma.
-         Hemos encontrado algo en el cuerpo de Montse. Deberíais venir inmediatamente.
-         Está bien. Ahora vamos para allá.
Colgó y con la mirada, incitó a Javier a que la acompañara. Él lo entendió a la perfección y la siguió por los lugares de la comisaría.
Al llegar a la puerta del laboratorio, la inspectora entró sin llamar; irrumpiendo en el lugar. Javier le siguió como el perro que sigue a su amo.
-         ¡Pasa, por favor!- exclamó irónico- No sé cómo no he dejado la puerta abierta para que no tuvieras ni que empujarla.
-         Deja las bromas para otro momento- cortó Bea. Decker hizo el gesto de los militares; juntar la mano estirada a su frente y bajarla con un golpe seco.
-         Lo que mandes- sonrió. Ella actuó indiferente ante aquella broma.
-         ¿Qué has encontrado?
-         He estado investigando y cogiendo posibles huellas en el cuerpo. Obviamente sabemos que es de Paco, pero las he llevado a analizar por si hay alguna duda.
-         ¿Duda?- preguntó, esta vez Javier por primera vez desde que llegaron, con tono incrédulo.
-         Lo hemos visto con nuestros propios ojos, Decker- recriminó Bea-. ¡No hay ninguna duda!
-         Bueno, no es eso por lo que te he llamado- Se puso serio-. He encontrado entre los pulmones esta tarjeta- se la tendió a la pareja policial dentro de una bolsa de plástico. Estaba manchada de sangre, pero limpia concretamente en la inscripción. La bolsa también tenía alguna mancha-. Si no llega a ser porque una de las esquinas sobresalía, no la hubiese visto. El tío quería que la viésemos, así que he creído que fuese una pista.
-         ¿Has deducido eso tú solito?- ironizó Bea. Cogió la bolsa de mala gana y se puso a leer lo que contenía la tarjeta: “Leroy Merlín” seguido de un triángulo grande de color verde entre las dos palabras. Más abajo venía la dirección, el teléfono y el fax ordenadamente una debajo de la otra-. ¡Y tanto que es una pista! Vámonos a este centro comercial.
-         Ya que vais, ¿Podéis traerme unas tablas con clavos?- pidió con gracia.
Bea le fulminó con la mirada y salieron por la puerta cerrándola tras de sí.
-         Bueno, no me lo traigáis si no queréis. Pero no hace falta ponerse así- gritó para que lo oyeran con un tono melancólico.

Transcurrieron treinta minutos desde que ambos policías habían salido del laboratorio del forense. Conducía Bea de tal forma que parecía que fuesen a apagar un incendio. Como alma que lleva al diablo, llegaron en un santiamén. El centro comercial estaba a las afueras de la ciudad y había demasiados semáforos. O eso le pareció a la inspectora. Aparcó en el primer lugar libre del parking que vio. Salieron del coche y se dirigieron hacia la entrada.
Era temprano, pues aún no estaba abierto para el público. Observaron desde la distancia como una señora de la limpieza estaba parada a unos pocos metros de la puerta donde entraba el personal. Salía con una escoba y un recogedor. Suponían que iría a barrer la zona de los carros donde poder llevar muebles y cualquier artilugio del hogar.
A los pocos minutos, se sobresaltaron con un gran estruendo. Un chillido agudo y ensordecedor arropó el lugar. Los agentes miraron a la señora de antes, pensando que se habría caído y lastimado. Pero se equivocaron. Ella tenía la cara desencajada. Con un rostro terrorífico y mirando hacia arriba, se encontraba parada enfrente del gran centro comercial. Bea y Javier corrieron a socorrerla inmediatamente. Algunos compañeros de la mujer salieron en su busca con semblante preocupado.
Al llegar, extrañados por aquel grito, preguntaron.
-         ¿Qué le sucede señora?- habló Bea.
-         A… Ahí… A… Arriba- apuntó tartamudeando hacia arriba; en dirección hacia el triángulo.
Ambos policías y los que se encontraban en el lugar por el gran grito de la limpiadora, miraron hacia arriba. Algunos también gritaron y otros salieron huyendo hacia dentro del edificio. Bea y Javier se quedaron atónitos sin saber qué hacer ya. A él le empezó a entrar un poco de miedo por no saber a quién se enfrentaba. Ella comenzaba a pensar que este caso era demasiado grande para su corta edad en el cuerpo.
El cuerpo sin vida de Raquel se encontraba colgado en aquel triangulo gigante de color verde. Semi-desnuda y ensangrentada. No tenía la parte de abajo y la parte de arriba del uniforme estaba medio abrochada. Solo la parte del ombligo. Tenía el pecho izquierdo destapado con una marca pintada de sangre y en su cabeza una frase con la misma caligrafía impecable e impoluta:
LA AVARICIA ROMPE EL SACO. LAS PUTAS SE ROMPEN LAS PIERNAS PARA TENERLAS SIEMPRE ABIERTAS.

4 comentarios:

Cristina dijo...

joder k fuerteee!!! me encantaa pero k cabron hijo d ... aghhh ohjala y k le cogan prontoo =) un besos eguid asi chicos esta interesante =)

Esperanza Writes Too dijo...

GUAU!! O.O Está genial el capítulo. Espero el siguiente con impaciencia :D

Adol dijo...

Cuanta cosa sádica jajajaj muy buen capítulo a ver cómo sigue la cosa y muy sospechosa esa periodista sabelotodo haciendo perder la paciencia a Javier seguro que era del Salvame Deluxe ese

B€!t@ dijo...

Hay que comentar mas!!!! Me mola mucho!!!! a ver si hay suerte y nos lo publican :) muaks