miércoles, 24 de agosto de 2011

Capítulo 13...



-         ¡No podemos dejarlo escapar de aquí!- gritaba Bea con inquietud mientras se aventuraba a correr.
Acto seguido, Javier se puso a correr detrás. No era tarea fácil. El camino estaba totalmente en tinieblas, y además, ya no podían contar con la pequeña luz que destellaba anteriormente la linterna; puesto que ya no funcionaba. Consiguieron desandar el tramo anterior, solo que a más velocidad, y ahora de memoria. Eran dos agentes bastante bien preparados, por lo que pudieron hacerlo sin complicaciones. El problema es que Paco también se sabía bastante bien el camino, y les llevaba mucha ventaja. Apenas conseguían diferenciar el sonido de sus pasos, cada vez más lejano. De repente, dichos pasos se dejaron de escuchar, lo que extrañó enormemente a Javier.
-         ¿Crees que se habrá detenido?
-         Lo ha hecho o se está burlando de nosotros, cosa que cada vez me enfurece más. Lo que está claro es que si nos espera, no es precisamente para que nos tomemos un café con él. ¡Saca tu arma y estate alerta por favor! Llevamos ya demasiadas muertes.
Después de decir esto, Bea se apresuró a la vez que corría, a avisar por teléfono pidiendo refuerzos; los cuales, a juzgar por la respuesta que recibió, estarían allí en ocho minutos como mínimo. Demasiado tiempo que darle a un asesino en serie. Teniendo en cuenta que siempre les llevaba la delantera, sería de esperar que Paco tuviera más que estudiada la forma de salir de allí. Desgraciadamente para Bea, sus pensamientos se harían realidad con una parada en seco de su compañero.
-         Observa esta puerta. Está totalmente blindada e insonorizada. De ahí la razón de que dejáramos de oír sus pasos. Me temo que si estoy en lo cierto, esta puerta solamente se abre desde el otro lado.
-         Tienes razón, pero a medias. Llama a los artificieros que no hay puerta que se resista a la goma dos. De todas formas, a este cabrón ya no lo cogemos. Aun así tengo interés de saber dónde lleva esto. Salgamos ya de aquí.
Ya en el exterior, los dos policías observaron cómo sus compañeros llegaban y acordonaban la zona.
-         ¡Precintad el parque. No quiero que nadie, que no esté autorizado por mi expresamente, entre aquí! Javier, vamos a la comisaría que tenemos que hablar muy seriamente.
Por el camino, ninguno de los dos se cruzó ni una sola palabra. Javier, en cierto modo, se sentía culpable de la muerte de la chica, ya que él fue quien la llevó hacia el parque. Bea estaba muy enfadada, más que nunca. Solo el hecho de ver sus ojos delataba su inmenso enojo. Absorta en sus pensamientos, conducía con rabia y velocidad. Al llegar al parking de la comisaría, el coche se detuvo con un sonoro frenazo, impulsado por la inspectora. Ambos subieron las escaleras hasta llegar al despacho de Bea, que al dejar la puerta tras de sí y de su compañero, la cerró con un golpe seco.
-         ¡Cómo es posible! ¡Parecemos dos novatos!- Bea gritaba más que nunca, hasta que pudo calmarse un poco. Aunque no supo cómo- Resulta que tenemos en nuestras manos a la siguiente víctima y se la ponemos en sus narices.
-         Lo siento- respondió Javier visiblemente triste.
-         No es tu culpa, de verdad-Bea esta vez sonaba muy comprensiva, más que nunca–. Probablemente yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo. Al fin y al cabo, se suponía que el sitio más seguro en el que podía estar era con nosotros o con Decker. Ahora mismo, no me fío de nadie más que no seamos nosotros tres. Piénsalo, sabe bien nuestros movimientos, demasiado bien diría yo. Todo esto no puede estarlo haciendo él sólo. No puede tener tanta suerte. A partir de ahora llevaremos el caso Decker y nosotros. Es mucho lo que llevamos a nuestra espalda y seguramente la prensa nos ataque en breve. Por favor, cuando lo hagan, te encargas tú de hablar con ellos que sabes por donde llevarlos; por experiencias pasadas.
-         ¿Cuál será nuestro próximo paso?- preguntó Javier algo más sereno.
-         En breve te lo voy a decir, justo después de atender la llamada que me están haciendo ahora. Serán los artificieros. ¡Contadme dónde coño daba esa puerta!- contestó a la vez que encendía el altavoz de su IPhone.
-         Esa puerta tan solo conducía a una alcantarilla que daba al exterior. Por lo que el asesino debió de huir por ahí. Pero lo excepcional es que hemos encontrado el cuerpo de la víctima. El asesino lo ha dejado aquí por algún motivo.
-         Vale. Pues esto es lo que vas a hacer. Vas a esperar a que llegue Decker, y cuando esté allí, te llevas a todo el mundo. Él se encargará de todo.
-         De acuerdo jefa. En cuando acabe de hablar con usted, llamo al doctor para que venga.
-         ¡No!- replicó fuertemente Bea–. Al doctor ya le aviso yo. Tú dedícate a cumplir expresamente las órdenes que yo te he dado.
-         A sus órdenes – contestó el policía ciertamente extrañado.
Bea ni siquiera espero a que el policía le dijera algo más. Le colgó repentinamente y se dispuso a buscar en la agenda de su móvil el número del forense.
-         ¡Decker! Ha aparecido el cadáver de la última víctima en la puerta blindada que hemos atravesado. Escúchame con atención. Vas a por el cuerpo, lo llevas a tu laboratorio y te vas a descansar. No quiero que hagas nada hasta mañana. Otra cosa, a partir de ahora, de este caso sólo hablas conmigo o con Javier, con nadie más.
-         Perfecto jefa. El cuerpo estará en mi laboratorio de inmediato, y gracias por el descanso- respondió el doctor a la vez que finalizaba la llamada.
Decker no se extrañó en absoluto de las órdenes de su jefa. Era un hombre extremadamente inteligente y no necesitaba explicaciones. Además, antes de dedicarse exclusivamente a ser forense, también fue policía de calle y conocía perfectamente todos los procedimientos. Esa era una de las causas más fuertes por las que Bea insistió en  contar con él en su comisaría.
-         Vale Javier, lo que le he dicho a Decker va por ti también. Vete a casa a descansar, que todo lo sucedido no nos ha dado respiro y necesitamos la mente clara.
-         ¿Estás segura?
-         Claro. Además, los psicópatas también descansan.
Lamentablemente, Bea se equivocaba bastante.
********
Sentado en su BMW, Paco esperaba impacientemente en la puerta del centro comercial a que dieran las diez de la noche. No esperaría mucho, ya que apenas faltaban diez minutos. Horas antes lo había preparado todo dentro del centro. Perfectamente camuflado como empleado de mantenimiento, con su contrato de sustitución en orden. El recuerdo de lo que le tuvo que hacer al verdadero empleado para que no fuera hoy a trabajar aún reposaba en su mente, lo que le provocaba alguna sonrisa aislada. Como pez en el agua lo había diseñado todo de forma espectacular. Si no mataba así no disfrutaba. Era tal la sensación de poder que sentía, que incluso podía confundirse con algún otro placer carnal, con el que más de una vez había gozado. Todo en su sitio; sin cabos sueltos, fácil de manejar y apto para divertirse de forma cruel. Sólo quedaba esperar a que todo estuviera despejado. Su objetivo, la vigilante de seguridad del centro.
Cuando el tiempo de espera finalizó, Paco salió de su coche y se apoyó en la puerta. Estaba bastante apartado. Gracias a eso, y a la oscuridad de la noche, pasaba totalmente inadvertido. Los clientes del centro comenzaban a salir. También lo hacían algunos de los empleados, los que más suerte tenían, ya que Paco sabía perfectamente que el último empleado saldría a la media hora. Justo a esa hora entraba Raquel, su siguiente víctima. En aquel momento vio cómo bajaba de su coche, un renault megane, y se disponía a entrar a su puesto de trabajo
-         ¡Qué fácil sería hacerlo ahora!- llegó a pensar.
Sencillo pero sin lujos. De forma fría y sin sentir su venganza, cosa que le proporcionaba la paciencia necesaria para hacerlo a su forma. La chica iba vestida de calle, sabedora de que su uniforme estaba en la taquilla desde el día anterior. Ese dato, lamentablemente también lo tenía Paco. La hora llegó y Raquel se dirigió hacia su taquilla. Pasaban diez minutos de su hora de entrada. El café habitual le había retrasado, pero eso no suponía ningún problema ya que tenía mucha confianza con el director del centro, debido a sus largos años allí trabajando, y a otras cosas menos confesables. De todas formas allí ya no quedaba nadie, o eso pensaba Raquel. Al abrir su taquilla notó que algo no era normal. Ya que justo le cayó una foto en la que se podía distinguir a ella misma con su antiguo novio Paco. Una foto hecha a la salida del cine, con ya bastantes años y algo deteriorada. Pensó que sería alguna broma de Juan, el director del centro. Ya que en alguna ocasión le contó la historia que tuvo con Paco. Le contó incluso entre carcajadas la manera en la que se burló de él. No le dio más importancia a la foto y se dispuso a ponerse su uniforme. Cuando terminó, retiró la porra y la dejó dentro de la taquilla, algo que ya se había convertido en un gesto habitual. Lo que nunca dejaba de lado era su pistola. La colocó en su funda, sin percatarse que algunas horas antes, ésta había sido descargada. Cuando estuvo lista, bajó las escaleras y se dispuso a pasar otra larga noche sin incidencias reseñables, grandioso error su pensamiento. Al llegar a su puesto se llevó el primer susto, ya que todas las luces de la sección de iluminación se encendieron de golpe.
-         ¿Quién anda ahí? Esto no tiene ni puta gracia- Raquel hablaba con voz firme dada la larga experiencia de su trabajo, a la vez que desenfundaba la pistola y se dirigía hacia la sección.
Examinó minuciosamente cada uno de los cinco pasillos de la sección sin ver a nadie. Al llegar al pasillo de las bombillas, vio en el suelo otra antigua foto suya acompañada de Paco. Raquel la cogió y alzó la voz.
-         ¡Vamos Juan, ahora mismo no me apetece una gymkana sexual, y menos tan desagradable como esta!
Naturalmente no obtuvo ninguna respuesta, pero tampoco le dio tiempo a pensar en ello. Ya que llegó a su corazón el segundo susto de la noche. Todos los timbres expuestos en la siguiente sección, la de electricidad, comenzaron a sonar al unísono, provocando un ruido muy desagradable y aterrador. La luz de iluminación de apagó inmediatamente. Avanzó a la siguiente zona con total convicción. Las muchas pruebas que había pasado para conseguir el título de vigilante, y alguna incidencia con macarras en anteriores trabajos, la dotaban de una gran valentía. Avanzó los cinco pasillos correspondientes y llegó en el momento en el que el ruido cesó. Se encendieron las luces de aquella zona y en el suelo encontró una nueva foto. Esta vez se la veía a ella sin camiseta ni sujetador, en medio de uno de esos divertidos juegos que solía hacer con Paco.
-         ¿De dónde cojones has sacado esto Juan?- gritaba con algo más de temor- ¡Esto ya hace tiempo que ha dejado de ser gracioso!
Su temor iba en aumento, pero procuraba mantenerse fría, algo imprescindible para su trabajo. ¿Cuál sería el siguiente paso? La respuesta no se hizo de rogar ya que, a la vez de apagarse la luz de la zona de electricidad, se encendió la de la zona de pintura; colocada justo en frente. Avanzó unos metros y vio, en el pasillo central de la sección, una frase pintada con letras rojas con caligrafía muy legible:
¿TE SIGUEN GUSTANDO NUESTROS JUEGOS?
La duda de que en realidad fuera Paco se hacía cada vez más visible en ella. Y más al observar en el suelo, al lado de la frase, otra foto en la que aparecía ella totalmente desnuda.
-         Paco, ¿qué es lo que buscas aquí?- su voz sonaba con algo más de terror.
Aquel juego comenzaba a asustarla ya que, si era Paco el que había hecho todo esto, quien sabe a lo que llegaría ya que no se portó excesivamente bien con él.
-         Atención, la vigilante Raquel tenga el detalle de acercarse hasta la sección de sanitario por favor.
La voz sonó literalmente quebrada, como una grabación distorsionada. Se escuchaba desde la cabina de información. Por eso, Raquel se quiso asegurar que hubiera alguien allí, o de que fuera una grabación. Alargó el cuello para ver la zona de información, donde se encontraba el micrófono y vio que no había nadie. Afortunadamente para ella, desde la zona de pintura podía ver la mitad del centro. Ni se imaginaba que todo estaba precisado al milímetro. No dudó, aunque las piernas ya le temblaban por entonces, en ir hasta sanitario. Al llegar, se encendieron las luces, lo que la asustó más. Estaba en el pasillo donde se vendían los espejos de baño. Ver su cara reflejada en tantos espejos a la vez de repente la había asustado. Llegó al último espejo del pasillo y vio colocado delante un muñeco de peluche. Recordó que fue un regalo que le hizo a Paco en uno de sus viajes. El peluche era bastante grande, y en su mano izquierda portaba otra foto. Aquí se pudo ver a si misma junto a Paco. La foto estaba ligeramente cortada por el medio, separando a los dos. Raquel tiró con desprecio el muñeco al suelo. En ese momento las luces de la sección se apagaron y se comenzó a oír otro ruido, esta vez más agudo. Provenía de la sección de madera y era el ruido de la máquina que allí se utilizaba para cortarla. Raquel fue hasta allí, cada vez más aterrada, pero dispuesta a acabar con todo aquello de inmediato. Al llegar observó  la máquina encendida. Esto es todo lo que le dio tiempo a ver, ya que noto como un golpe seco y fuerte le sacudió la cabeza, provocando que se desmayara en el acto.
Al cabo de dos horas aproximadas, Raquel abrió los ojos. Mientras se desperezaba y se recuperaba del golpe, comprobó que estaba atada de pies y manos a escasos milímetros de la cuchilla que cortaba la madera .La luz de la sección estaba encendida Afortunadamente la máquina estaba parada, por el momento. En su boca no había nada, por lo que no estaba impedida para hablar.
-         ¿Qué buscas Paco?- exclamó horrorizada.
-         Bien, ya estaba cansado de que me confundieras con tu amante.
La voz de Paco comenzó a retumbar por la sección al tiempo que este llegaba a la misma. Vestía totalmente de negro y llevaba unas gafas de sol, lo que disimulaba sus grandes ojeras debido al cansancio acumulado.
-         Lo que deseo no es más que venganza. ¿Recuerdas cuando salimos juntos? ¿Y mi humillación? Resulta que voy a buscarte a casa y te encuentro en tu portal besándote con otro, y lejos de avergonzarte, te reíste de mí y tu amigo me amenazaba para que me largara. Me sentí como una mierda, totalmente abatido. Te reíste de mí. No me importa que te vayas con otro. Pero como veo que nadie te enseñó a cortar nuestra relación, ya te enseño yo. Que buen sitio para hacerlo, precisamente aquí que se pasan el día cortando. Cuanto has podido aprender hasta que hoy se acabe tu vida.
Paco avanzó hacia la máquina y la activó. Las virutas de madera y el serrín acumulado del día se le metían a Raquel en los ojos, impidiendo así su visibilidad. Con cuidado, Paco dirigió la cuchilla hacia la pierna de Raquel y se la cortó de cuajo. La pierna salió despedida con una brutalidad bestial, cosa que no inquietó al asesino lo más mínimo. La chica gritaba de dolor.
-         Vale, como ya no puedes correr te suelto.
Dicho esto, Paco apagó la máquina y liberó a Raquel. Esta, al caer al suelo, exclamó muy dolorida.
-         ¡Grave error!- . Lo dijo lo más alto que su elevado dolor le permitió.
Con una velocidad sobrehumana, cogió su pistola, que Paco, en un error, o al menos eso es lo que creyó ella, había dejado a su alcance. Se dispuso a disparar, pero su sorpresa fue mayúscula, quizá la más grande de la noche. No salió ni una sola bala ya que la pistola estaba totalmente descargada.
-         ¡Crees que soy un puto novato!- gritó Paco-. La pistola ya ha sido previamente descargada por mí. Quizá si hubieras traído tu porra tendrías alguna posibilidad. ¿Por qué no la has traído? ¿Por miedo a volver a caer, y masturbarte como una loca con ella? ¡Mira que siempre has sido guarra, eh!
Acabado el relato de preguntas con ironía, y saciada la venganza solo quedaba el final, que no se haría esperar. Se acercó hacia ella, saco su cuchillo y le dio un tajo certero en la yugular. A la chica no le dio tiempo ni tan si quiera a gritar. La sangre corría a borbotones. Aquello, tan siniestro para muchos, a Paco no le provocaba ningún estupor. Más bien todo lo contrario. Quiso dejarle libre el pecho, algo premeditado. Poco tuvo que esperar para ver a la chica sin vida, se guardó su cuchillo y la subió a una mesa cercana. Quería prepararla para exponerla. Otro trabajo resuelto con eficacia y vistosidad.

4 comentarios:

Adol dijo...

La va a envolver como regalo y la dejara en la sección infantil JAJAJA. Que sádico es el pobre. Creo que no entiende bien el concepto de CORTAR jajaja. Me gusta, me gusta, espero que el capítulo siguiente tarde menos en salir.

B€!t@ dijo...

Tardará menos :D Ui, envolverla en papel de regalo? Buena idea, pero yo pensaba que iba a salri corriendo a la pati-coja jajajajajaja en fin... lo escribiré prontito :D gracias adol :)

Yersey Owen dijo...

Vamos, que desde marzo llevo esperando el siguente. Ya pensaba que la habías abandonado, jeje.

No creo que tengan ninguna relación, pero no se porque me da que Decker tiene algo que ver con Paco, xD.

Cristina dijo...

Joder que fuerte!!! madre mia como molaaa me ha gustado pero tengo unas ganas de que cogan a paco... increibles xD sta muy bn seguir asi =)